Gracias al uso del césped artificial se reducen considerablemente los costes en instalación y mantenimiento
Ahorrar agua. Sobre todo en verano. Y, sobre todo, costes en estos tiempos de estrecheces económicas. Eso es lo que permite conseguir el césped artificial con su colocación en entornos urbanos o jardines públicos, unas virtudes que cada día conocen más ayuntamientos españoles que apuestan por el uso de este material en la planificación de obras y en el trabajo de las concejalías de Medio Ambiente. Las rotondas siguen siendo los lugares preferidos para su instalación.
Las ventajas son evidentes. Conlleva poco mantenimiento, el trabajo de instalación no es muy duro, requiere muy poco agua y no se ve afectado por la sequía, por lo que su aspecto no empeora tanto como el natural con las condiciones climatológicas. Y para lograr una gestión todavía más ecológica y eficiente, algunas ciudades combinan la implantación de este producto con la aplicación de técnicas de xerojardinería, que permiten reducir el uso del agua en hasta un 50%.
Los ayuntamientos echan cuentas y constatan la rentabilidad del césped artificial. Entre otras cuestiones, no se necesita una máquina de cortacésped ni tampoco hay que hacer una instalación para el agua. Además, se eliminan las calvas que le salen al césped a natural y que tan mal quedan desde el punto de vista estético. En este sentido, la empresa Verdalia, filial del Grupo Poligras, especializada en césped artificial para jardinería, decoración y paisajismo, dispone de la más extensa gama de soluciones del mercado.