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    25 Mar '26

    Culligan analiza cómo Europa endurece el control de PFAS en el agua potable

    La nueva normativa obliga a monitorizar estos contaminantes y a incorporar tecnologías avanzadas como carbón activado y ósmosis inversa para garantizar la seguridad del agua

    Nuevo marco regulatorio europeo

    Desde enero de 2026 están plenamente vigentes en la UE nuevos valores paramétricos y obligaciones de control para las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) en el agua de consumo humano, lo que supone un hito para el sector del agua potable. Estos requisitos obligan a los operadores a monitorizar sistemáticamente estos compuestos y a adoptar medidas correctivas cuando se superan los límites establecidos, acelerando la modernización de las infraestructuras de tratamiento.

    PFAS: un contaminante emergente persistente

    Los PFAS son una amplia familia de compuestos sintéticos utilizados durante décadas en aplicaciones industriales y de consumo por su resistencia al agua, a las grasas y a la temperatura. Esta misma estabilidad química hace que se mantengan en el entorno durante largos periodos y se hayan ganado la denominación de "sustancias químicas eternas", generando preocupación por sus posibles efectos sobre la salud y el medioambiente. Su detección en aguas superficiales, subterráneas y redes de suministro obliga a implementar soluciones de tratamiento más exigentes para garantizar el cumplimiento de la nueva normativa europea.

    Necesidad de tecnologías avanzadas

    El escenario regulatorio actual está acelerando la adopción de etapas específicas para la eliminación de contaminantes emergentes, así como la mejora de los sistemas de monitorización y la actualización de instalaciones municipales e industriales de potabilización. El objetivo es reforzar la seguridad sanitaria del agua de consumo y proteger los recursos hídricos frente a estos compuestos de difícil degradación.

    Filtración con carbón activado

    La filtración mediante carbón activado se ha consolidado como una de las tecnologías de referencia para la reducción de PFAS y otros compuestos orgánicos persistentes en agua potable, gracias a su elevada capacidad de adsorción. Se trata de soluciones modulares, fácilmente integrables como etapa de pulido en líneas de tratamiento nuevas o ya existentes, que permiten optimizar tanto la eficiencia de eliminación como los costes de operación y mantenimiento.

    Ósmosis inversa como barrera de alta eficacia

    La ósmosis inversa aporta una barrera muy eficaz frente a sustancias disueltas de difícil tratamiento, entre ellas diversos PFAS, logrando altos porcentajes de rechazo y estándares de calidad muy exigentes en agua para consumo humano, usos industriales y aplicaciones de reutilización. Estos sistemas destacan por su elevado grado de automatización, la optimización energética y su capacidad de adaptación a distintas calidades de agua y requerimientos de caudal, lo que los convierte en una herramienta clave en el nuevo contexto regulatorio europeo.

    Cómo afecta esta normativa a España y otros países

    1 paso completado

    La nueva normativa afecta a España y al resto de países de la UE obligándoles a controlar, informar y actuar de forma mucho más estricta frente a los PFAS en el agua potable.

    Impacto en España

    En España, la Directiva (UE) 2020/2184 se ha incorporado al ordenamiento a través del Real Decreto 3/2023, que fija un calendario para implantar el control de PFAS y alcanzar en enero de 2026 el cumplimiento del valor paramétrico para la suma de 20 PFAS prioritarios. Esto implica que operadores de abastecimiento, administraciones autonómicas y organismos reguladores deben realizar análisis periódicos, adaptar los planes de muestreo e introducir, cuando sea necesario, tratamientos avanzados (como carbón activado u ósmosis inversa) para respetar los nuevos límites. Si se superan los valores establecidos, se exigen medidas correctoras como cerrar captaciones afectadas, reforzar el tratamiento o restringir temporalmente el uso del agua, además de informar a la población.

    Obligaciones comunes para todos los Estados miembros

    Todos los países de la UE deben respetar dos parámetros clave: un límite de 0,10 μg/L para la suma de 20 PFAS específicos y otro de 0,50 μg/L para el total de PFAS detectables en el agua potable. Los Estados miembros están obligados a monitorizar de forma sistemática estos compuestos, reportar resultados y excedencias a la Comisión Europea y aplicar medidas inmediatas si se superan los valores, como cerrar pozos, añadir nuevas etapas de tratamiento o limitar ciertos usos del agua.

    Consecuencias técnicas y de gestión

    La normativa fuerza a los operadores de agua de toda Europa a revisar sus programas de control de calidad, actualizar equipos de laboratorio y adoptar métodos analíticos armonizados para medir tanto la "suma de PFAS" como el "total de PFAS". También impulsa inversiones en tecnologías de eliminación de contaminantes emergentes y en sistemas de información al consumidor, en línea con la Estrategia de Resiliencia Hídrica y el objetivo de garantizar el derecho a un agua potable segura en todos los Estados miembros.

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