España, 22 de Mayo de 2013

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FUENTE: Varios


Bilbao: del blanco y negro al color

 

Si una cosa se le ha achacado constantemente a Bilbao es su tonalidad gris, consecuencia directa de una larga trayectoria unida a la actividad industrial. La capital vizcaína se había convertido durante años en el patito feo de Euskadi, desentonando con el verde que caracteriza sus valles y con la magia que desprenden las otras grandes ciudades del territorio, Álava y San Sebastián.

Sin embargo, Bilbao ha renacido de sus propias cenizas. La ciudad vieja y gris ha puesto en marcha un importante proyecto de transformación urbana en la que el paisaje industrial a lo largo del Nervión queda desbancado por zonas verdes y edificios de características tan singulares que hacen del bilbaíno un escenario único. Bilbao ha abierto sus puertas hacia la modernización y, por el momento, no tiene ninguna intención de cerrarlas.

Este apasionante proceso de cambio vive actualmente un especial momento de la creatividad en su más pura esencia. Bilbao se ha convertido en un plato delicioso que arquitectos de renombre a nivel internacional quieren catar. Por este motivo, no resulta de extrañar que las grandes firmas de arquitectos hayan querido dejar su estela en la capital vizcaína. Norman Foster, Frank O'Gehry, Santiago Calatrava... ya han degustado el manjar. Otros de los grandes, como Arata Isozaki, César Pelli o Zaha Hadid ultiman actualmente sus proyectos para convertir Bilbao en una de las grandes ciudades europeas.

 

El Bilbao presente
 

Museo Guggenheim

Sin lugar a dudas, una ruta por la transformación arquitectónica y urbanística del Bilbao actual tiene el punto de partida en el Museo Guggenheim, una obra singular cuya imagen metálica ha viajado ya por los cinco continentes. El artífice, el californiano Frank O'Gehry creó en el año 1997 el principal eje vertebrador de la nueva ciudad.

El edificio está compuesto por una serie de volúmenes interconectados: unos de forma ortogonal, recubiertos de piedra caliza; y otros curvados y retorcidos, cubiertos por una piel metálica de titano. Estos volúmenes se combinan con muros cortina de vidrio, que dotan de transparencia todo el edificio. Su complejidad matemática ha obligado a diseñar por ordenador las sinuosas curvas de piedra, cristal y titanio. Esta dificultad es también el motivo por el que los muros cortina de vidrio han sido tratados especialmente para que la luz natural no dañe las obras, mientras que los paneles metálicos que recubren en forma de escamas de pez gran parte de la estructura son láminas de titanio de medio milímetro de espesor. Este material presenta unas magníficas condiciones de mantenimiento y preservación. En su conjunto, el diseño de Gehry crea una singular estructura, espectacular y enorme que se convierte en símbolo de la ciudad.

La entrada principal del museo se encuentra enfilando la calle Iparraguirre, una de las calles neurálgicas que cruza diagonalmente Bilbao, en un intento de extender el centro urbano hasta la puerta mismo del museo. Mediante una escalinata descendente se accede al vestíbulo del museo. De esta manera se resuelve la diferencia existente entre la cota de la ría y la del ensanche de la ciudad, al mismo tiempo que hace factible que un edificio de 24.000 metros de superficie y más de 50 metros de altura no sobrepase la altura de las construcciones circundantes.

 

Pasado el vestíbulo se accede al espacio expositivo, uno de los rasgos más característicos del diseño de Gehry, coronado por un lucernario cenital en forma de "flor metálica", del que brota un chorro de luz que ilumina el acogedor espacio. La terraza, accesible desde el atrio y con vistas a la ría y al jardín de agua, está cubierta por una marquesina apoyada en un único pilar de piedra, con una doble función protectora y estética. Una amplia rampa de escaleras que parte del fachada posterior asciende hasta la escultórica torre, concebida para absorber e integrar el Puente de la Salve en el complejo arquitectónico.

Los tres niveles de galerías del edificio se organizan alrededor de este atrio central y se conectan mediante curvilíneas, ascensores acristalados y torres de escaleras a modo de ciudad metafórica, donde los paneles de cristal que cubren los ascensores evocan las escamas de un pez que salta y se retuerce. Las pasarelas que suben por las paredes interiores son como autopistas verticales. En definitiva, todo un artificio de diseño arquitectónico llevado a su límite.

 

El edificio dispone de un total de 11.000 metros cuadrados de espacio expositivo, distribuido en 19 galerías. Diez de ellas tienen una forma octogonal y un aspecto más bien clásico, identificables desde su exterior y por los que, sin embargo, el visitante no se siente en absoluto desbordado. Las obras de gran formato tienen cabida en una galería excepcional de 30 m. de ancho por 130 m. de largo, libre de columnas y con un tipo de suelo preparado especialmente para soportar el trasiego frecuente y el peso de las obras que aloja. Esta galería, vista desde el exterior, discurre bajo el Puente de la Salve, por debajo y se topa en su extremo con la torre que simula abrazar el puente.

 

La huella de Calatrava

El arquitecto valenciano Santiago Calatrava también ha querido dejar su impronta grabada en la capital vizcaína. En el año 2000 nacía el nuevo Aeropuerto de Sondika, dispuesto a dotar la infraestructura necesaria para que la terminal de la capital vizcaína pudiera dar respuesta a la imparable afluencia de aviones y pasajeros. La nueva terminal permitió absorber 4 millones de usuarios cada año y 3.000 en hora punta.

Además de en términos de infraestructura aeroportuaria, el aeropuerto de Sondika presenta una arquitectura única, obra de Calatrava. "La Paloma", como se bautizó el aeropuerto a tenor de su forma, aglutina tres plantas sostenidas entre hierro y vidrio a las que el viajero llega por el norte, la fachada trasera. Bajo una extensa colina de hierba situada junto al edificio pasa inadvertido un aparcamiento de cinco pisos con 3.000 plazas. Los pasajeros entran al vestíbulo de salidas, un amplio hall de 7.000 metros cuadrados en el que se alojan los 36 mostradores de facturación. La entreplanta es el lugar de distribución de los pasajeros, los que vienen y los que marchan . El área de llegadas se encuentra en la planta baja, con siete cintas de distribución de equipajes. La alas laterales, proyectadas de tal modo que permitan una expansión futura, albergan las áreas de espera para llegadas y salidas, separando el flujo de los viajeros nacionales e internacionales. Un total de 39.000 metros cuadrados.

 

La estructura del cuerpo central está realizada mediante un sistema de pilares y vigas de cemento armado, necesario para estabilizar la forma libre de la cubierta metálica, de planta casi triangular, definida perimetralmente por elementos de acero. En las fachadas laterales inclinadas, estos elementos están sostenidos por dos arcos de hormigón que transmiten a tierra las cargas, que gravan la estructura. Las alas laterales presentan una doble cubierta abovedada, formada por un sistema de nervios y montantes de acero que se apoyan sobre pilares de hormigón, de 10 metros de altura y dispuestos sobre un forjado de 10 metros de lado; el ritmo de la fachada anterior, inclinada hacia adelante, está marcado por elementos de acero (en L, en T y en doble T), con distancias entre sus ejes de 2'5 metros.

Tal y como lo describió Calatrava en el momento de su inauguración, este aeropuerto pretende ser "un espacio de acogida, que acerque al viajero a la parte más bella del paisaje, al verde, a los árboles". Su puntiaguda silueta expresa "la idea de vuelo".

De todos modos, no es la única muestra del arte de Calatrava que se encuentra en Bilbao. En 1997 concluían las obras del Puente de Zubi-Zuri, un puente peatonal que cruza el río Nervión con sus 75 metros de longitud. La pasarela conocida como Zubi-zuri ("puente blanco" en euskera) se desliza sobre el Nervión, atravesando la ría y comunicando el Paseo del Campo de Volantín con Uribitarte. Acero blanco y vidrio, arco parabólico y rampas de acceso definen la obra de este controvertido arquitecto, cuestionado en numerosas ocasiones por la similitud en el diseño de los diversos puentes que se suman en su trayectoria profesional, lo que él desmiente alegando que cada puente es diferente de los otros.

 

Puente peatonal Pedro Arrupe

De hecho, los puentes toman especial relevancia en una geografía marcada por la presencia de rías. En marzo de 2002 se colocaban las primeras piezas de otra  de las grandes pasarelas peatonales de Bilbao, la de Pedro Arrupe, que une la Avenida de las Universidades con Abandoibarra. Se trata de la respuesta a una demanda que cada vez se hacía más imperante. 

La pasarela Pedro Arrupe tiene una longitud de 140 metros, una anchura de 7 metros y su cota superior varía entre 10'10 y 14'90 metros sobre la ría. Proyectada por José Antonio Fernández Ordóñez y retomada a su muerte por su hijo, el también arquitecto Lorenzo Fernández Ordóñez, la Pasarela Pedro Arrupe constituye un nuevo hito urbano de la capital vizcaína, al convertirse en una auténtica nueva calle que conectará Abandoibarra con la Universidad de Deusto. 

Se trata de un diseño único y espectacular, ya que consta de seis entradas en vez de las dos habituales. Asimismo, su estructura, en lugar de ser un viga, es una lámina plegada formada por una chapa de 20 mm. de acero inoxidable, a través de cuyos pliegues conforma su estructura. La obra fundamenta su belleza en la racionalidad de su estructura, con una forma geométrica muy simple y una técnica muy depurada. Los dos elementos que la definen son el acero inoxidable tipo dúplex, un material de enorme resistencia y durabilidad, y la madera de Lapacho, un pavimento muy cálido y de buen resistencia al deslizamiento, que actúa como una cubierta de barco. De esta manera, la pasarela queda conformada por dos pieles: una de acero inoxidable, fría y reflectante, y otra interior de madera de Lapacho, acogedora. En palabras de Fernández Ordóñez "hay un juego entre las dos pieles, entre la piel que refleja y la piel que acoge al hombre".

 

El espectacular metro de Norman Foster

Otro de los grandes centros de atención para todo aquel que visite Bilbao es dirigir su mirada hacia el metro, un espectacular proyecto de Norman Foster. El sistema de metro creado por el arquitecto británico es una demostración de como la arquitectura está al servicio de la calidad de vida de los ciudadano. 

En noviembre de 1995 se ponía en funcionamiento el metro de Bilbao. Se iniciaba de esta manera un nuevo servicio de transporte público que se había planteado como objetivos fundamentales la mejora del tráfico urbano en el área metropolitana, la elevación del nivel de calidad del transporte público, convertirse en eje vertebrador de los diversos sistemas de transporte que sirven a la comarca y ser un instrumento dinamizador dela vida y la actividad de este área metropolitana. Actualmente, en Bilbao más de un millón de personas se desplazan con este medio de transporte público.

Las líneas básicas de la obra de Foster en el diseño de las estaciones son:

  • La interior: el tratamiento de la caverna es un gran espacio, de 160 metros de sección transversal, donde se sitúan los viales, los andenes y las entreplantas de distribución. 
  • La obra de intercomunicación: en las entreplantas de distribución confluyen todas las instalaciones y servicios, se desarrollan los servicios de ticketing y oficinas. Las estaciones ofrecen un gran espacio, con una visión amplísima, donde los viajeros no se sienten atrapados y donde encuentran todos los servicios que necesita. 
  • La exterior: la que emerge en el conjunto urbano de la ciudad. Es la arquitectura de la calle, cuya realización más singular son las marquesinas de acero y vidrio. Una de las mayores aportaciones de la arquitectura del Metro de Bilbao radica en la consecución de una unidad arquitectónica que se hace patente en el logro un alto nivel estético en las instalaciones, la máxima comodidad para los usuarios y una incorporación a la arquitectura urbana sencilla y nada agresiva. 
  • El mobiliario: el Ministerio de Ciencia y Tecnología concedió en noviembre de 2000 el Premio Nacional de Diseño Industrial a la empresa que fabricó los bancos del Metro de Bilbao (Akaba, con sede en Irún).

En el año 1998, la obra del equipo de Sir Norman Foster obtuvo el Premio Brunel de Arquitectura Ferroviaria en su globalidad, y a la estación de Sarriko en particular. 

 

Palacio Euskalduna

Tras la construcción del Museo Guggenheim de Gehry, principal eje vertebrador de la transformación de Bilbao, el Palacio de Congresos y de la Música, proyectado por Federico Soriano y Dolores Palacios e inaugurado en febrero de 1999, constituye el segundo hito en esta evolución de la capital vizcaína. 

Galardonado como una de las obras contemporáneas más importantes realizadas por arquitectos españoles, el también llamado Palacio Euskalduna simboliza el último buque construido en el antiguo astillero del mismo nombre y se configura como un enorme complejo multifuncional de 53.000 metros cuadrados ubicado en el centro de la ciudad. Este espectacular edificio acoge grandes eventos de todas las características: la temporada de ópera, conciertos sinfónicos, ballet y recitales conviven con grandes congresos, asambleas generales, convenciones, etc.

Su estructura gira en torno a los siguientes ejes:

  • Auditorio: 2.164 butacas, acústica excepcional, un grandioso órgano... La soprano Montserrat Caballé definió este auditorio como "la sala más hermosa en la que jamás había cantado". El escenario, de 1.770 metros cuadrados, es el mayor a nivel estatal y el segundo de estas características en Europa. Dispone de un sistema de plataformas y carras de avanzadísima tecnología que permite montajes simultáneos y representaciones de gran complejidad, así como proyecciones en su pantalla.
  • Sala teatro: de gran empaque y belleza y con una excelente acústica, esta sala presenta un amplio escenario, con 613 butacas y cinco cabinas de traducción. Es una segunda opción ideal para todo tipo de actos de menor audiencia.
  • Salas: asimismo, el Palacio Euskalduna cuenta con 18 salas activas simultáneamente, más otra reservadas a actos VIP.
  • Hall de Exposiciones: de 2.000 metros cuadrados, que forma parte de los 8.000 metros cuadrados de foyers y vestíbulos de que dispone el palacio para los más diversos usos.
  • Restaurante: uno de los más importantes de Euskadi, además de otro con capacidad para 450 comensales y un servicio interino de catering para banquetes de hasta 1.000 comensales y cócteles de 2.500 asistentes.
  • Párking: con capacidad para 475 vehículos.

El Palacio Euskalduna ha sido galardonado como una de las obras contemporáneas más importantes realizadas por arquitectos españoles y ha recibido el Premio Apex Award al mejor Centro de Congresos del Mundo 2003.

 

El Bilbao que viene

Pero éstos sólo son ejemplos de la reforma urbanística que inició Bilbao hace unos años. Actualmente, la proyección de la ciudad continúa creciendo progresivamente, dejando atrás su sombría estela para convertirse en lo que es hoy: una ciudad cosmopolita capaz de generar importantes proyectos y ansiada por arquitectos de prestigio de orden mundial.

 

Isozaki Atea

El arquitecto japonés Arata Isozaki tampoco ha querido perderse la oportunidad de dejar su sello en la capital vizcaína. Tras ser derrotado por Frank O'Gehry en el concurso para construir el Guggenheim, Isozaki ha conseguido dejar su impronta en la ciudad a través de sus torres de vivienda, denominadas Isozaki Atea que, curiosamente, se emplazarán no lejos del museo de Gehry.  Se trata de un complejo residencial y comercial llamado a tomar parte de los elementos más representativos de la ciudad, que incluye el nuevo concepto de vivienda dotada de la tecnología más avanzada. 

El proyecto del arquitecto japonés pretende solventar los graves problemas urbanísticos de la zona de Uribitarte. por un lado, los grandes desniveles, que impiden el flujo de personas desde la calle Ercilla hasta el paseo de la Ría; y por otro, la presencia del antiguo y deteriorado edificio de aduanas. Un total de 41.446 metros cuadrados de superficie acogerán modernos edificios, entre los que destacan las dos torres de cristal, de 22 plantas y 82 metros de altura, que harán de puerta hacia el Ensanche. En las plantas inferiores estarán ubicados los comercios mientras que, en los niveles altos, las torres contarán con cuatro viviendas por planta, de 110 metros cuadrados.

El proyecto, iniciado en 1999 y que está previsto finalice en 2007, incluye también cinco edificios de ladrillo, cristal y piedra natural con zonas verdes, comercios, viviendas, restaurantes, cines, así como equipamientos municipales. Un espectacular escalinata, de entre 35 y 50 metros de ancho, y la prolongación del puente Zubi-Zuri de Calatrava, conectarán ambos márgenes de la ría.

 

Hotel Sheraton Bilbao de Ricardo Legorreta

El pasado 7 de julio se inauguraba oficialmente el Hotel Sheraton Bilbao, de cinco estrellas, obra del arquitecto mexicano Ricardo Legorreta. El hotel cuenta con un total de 211 habitaciones y 20 suites divididas en 10 plantas y está inspirado en la obra del escultor Eduardo Chillida. Su ubicación es excepcional, en el margen del río Nervión y cerca del Museo Guggenheim y el nuevo Palacio Euskalduna. 

Todas las habitaciones de lujo están dotadas con los últimos avances tecnológicos. Asimismo, el hotel dispone de siete salones para conferencias, reuniones y banquetes con una capacidad máxima de hasta 350 personas y de un "smart meeting room", salón inteligente dotado del más moderno equipamiento tecnológico, diseñado para crear un confortable espacio de trabajo. En la sexta planta del edificio se encuentra el "wellness center" con una piscina exterior que mira a la ría, sauna, sala de masajes y de fitness, con aparatos de última generación. 

 

Torre Pelli en Abandoibarra

Aunque el cambio urbanístico puede verse en todo el área metropolitana, la zona conocida como Abandoibarra, asomada a la ría y situada entre el Guggenheim y el Palacio Euskalduna, es el área más emblemática de esta transformación. Se trata de una antigua zona industrial y porturaria de 35 hectáreas, en pleno centro urbano, convertida ahora en el nuevo símbolo de Bilbao. 

Precisamente Abandoibarra es la ubicación del futura Torre Pelli, obra del arquitecto argentino César Pelli, reconocido internacionalmente por el diseño de edificios de altura. Pelli ha ideado para Bilbao una elegante torre de 150 metros de altura, que sugiere un obelisco de vidrio y que se estrecha suavemente a medida que gana altura. Sus 33 plantas y los dos edificios gemelos que flaquearán a sus pies, forman un total de 69.500 metros cuadrados de superficie destinada a oficinas de máximo nivel. La conocida ya como Torre Pelli se convierte en el reflejo de la propia ciudad por impulsar su propia regeneración con el dinamismo que le corresponde como una de las principales plazas económicas del país.

 

Zaha Hadid, el último Pritzker, también en Bilbao
La arquitecta anglo-iraquí Zaha Hadid resultó escogida Premio Pritzker este mismo año, convirtiéndose en la primera mujer que conseguía los Nobel de la Arquitectura. Hadid, impresionada por la mejora urbanística de la ciudad iniciada en 1997 con la inauguración del Museo Guggenheim, también tendrá su lugar en el nuevo Bilbao: la reordenación de la zona de Zorrozaurre.

Hadid fue elegida en septiembre por el Ayuntamiento de Bilbao para definir la regeneración de Zorrozaurre, una península que se extiende a lo largo de la ría en el límite entre los casos urbanos de Bilbao y Barakaldo. Se unía de esta manera a la lista de arquitectos de primer orden mundial que están participando en la transformación.

La arquitecta de origen iraquí, afincada en Londres desde hace 30 años, perfilará la operación urbanística más ambiciosa de la capital, que ahora se enfrasca en la remodelación de la zona de Abandoibarra diseñada por el argentino César Pelli. Pero si en ésta se actúa sobre 34 hectáreas, la de Zorrozaurre tiene una extensión superior en más de 23 hectáreas.

 

 

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