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FUENTE: Varios
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Bilbao: del blanco y negro al color
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Si una cosa se le ha achacado constantemente a Bilbao es su tonalidad gris,
consecuencia directa de una larga trayectoria unida a la actividad industrial.
La capital vizcaína se había convertido durante años en el patito feo de
Euskadi, desentonando con el verde que caracteriza sus valles y con la magia que
desprenden las otras grandes ciudades del territorio, Álava y San Sebastián.
Sin embargo, Bilbao ha renacido de sus propias cenizas. La ciudad vieja y
gris ha puesto en marcha un importante proyecto de transformación urbana en la
que el paisaje industrial a lo largo del Nervión queda desbancado por zonas
verdes y edificios de características tan singulares que hacen del bilbaíno un
escenario único. Bilbao ha abierto sus puertas hacia la modernización y, por
el momento, no tiene ninguna intención de cerrarlas.
Este apasionante proceso de cambio vive actualmente un especial momento de la
creatividad en su más pura esencia. Bilbao se ha convertido en un plato
delicioso que arquitectos de renombre a nivel internacional quieren catar. Por
este motivo, no resulta de extrañar que las grandes firmas de arquitectos hayan
querido dejar su estela en la capital vizcaína. Norman Foster, Frank O'Gehry,
Santiago Calatrava... ya han degustado el manjar. Otros de los grandes, como
Arata Isozaki, César Pelli o Zaha Hadid ultiman actualmente sus proyectos para
convertir Bilbao en una de las grandes ciudades europeas.
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El Bilbao presente
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Museo Guggenheim
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Sin lugar a dudas, una ruta por la transformación arquitectónica y
urbanística del Bilbao actual tiene el punto de partida en el Museo
Guggenheim, una obra singular cuya imagen metálica ha viajado ya por los
cinco continentes. El artífice, el californiano Frank O'Gehry creó en
el año 1997 el
principal eje vertebrador de la nueva ciudad.
El edificio está compuesto por una serie de volúmenes interconectados: unos
de forma ortogonal, recubiertos de piedra caliza; y otros curvados y retorcidos,
cubiertos por una piel metálica de titano. Estos volúmenes se combinan con
muros cortina de vidrio, que dotan de transparencia todo el edificio. Su
complejidad matemática ha obligado a diseñar por ordenador las sinuosas curvas
de piedra, cristal y titanio. Esta dificultad es también el motivo por el que
los muros cortina de vidrio han sido tratados especialmente para que la luz
natural no dañe las obras, mientras que los paneles metálicos que recubren en
forma de escamas de pez gran parte de la estructura son láminas de titanio de
medio milímetro de espesor. Este material presenta unas magníficas condiciones
de mantenimiento y preservación. En su conjunto, el diseño de Gehry crea una
singular estructura, espectacular y enorme que se convierte en símbolo de la
ciudad.
La entrada principal del museo se encuentra enfilando la calle Iparraguirre,
una de las calles neurálgicas que cruza diagonalmente Bilbao, en un intento de
extender el centro urbano hasta la puerta mismo del museo. Mediante una
escalinata descendente se accede al vestíbulo del museo. De esta manera se
resuelve la diferencia existente entre la cota de la ría y la del ensanche de
la ciudad, al mismo tiempo que hace factible que un edificio de 24.000 metros de
superficie y más de 50 metros de altura no sobrepase la altura de las
construcciones circundantes.
| Pasado el vestíbulo se accede al espacio expositivo, uno de los rasgos más
característicos del diseño de Gehry, coronado por un lucernario cenital en
forma de "flor metálica", del que brota un chorro de luz que ilumina
el acogedor espacio. La terraza, accesible desde el atrio y con vistas a la ría
y al jardín de agua, está cubierta por una marquesina apoyada en un único
pilar de piedra, con una doble función protectora y estética. Una amplia rampa
de escaleras que parte del fachada posterior asciende hasta la escultórica
torre, concebida para absorber e integrar el Puente de la Salve en el complejo
arquitectónico.
Los tres niveles de galerías del edificio se organizan alrededor de este
atrio central y se conectan mediante curvilíneas, ascensores acristalados y
torres de escaleras a modo de ciudad metafórica, donde los paneles de cristal
que cubren los ascensores evocan las escamas de un pez que salta y se retuerce.
Las pasarelas que suben por las paredes interiores son como autopistas
verticales. En definitiva, todo un artificio de diseño arquitectónico llevado
a su límite.
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El edificio dispone de un total de 11.000 metros cuadrados de espacio
expositivo, distribuido en 19 galerías. Diez de ellas tienen una forma
octogonal y un aspecto más bien clásico, identificables desde su exterior y
por los que, sin embargo, el visitante no se siente en absoluto desbordado. Las
obras de gran formato tienen cabida en una galería excepcional de 30 m. de
ancho por 130 m. de largo, libre de columnas y con un tipo de suelo preparado
especialmente para soportar el trasiego frecuente y el peso de las obras que
aloja. Esta galería, vista desde el exterior, discurre bajo el Puente de la
Salve, por debajo y se topa en su extremo con la torre que simula abrazar el
puente.
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La huella de Calatrava
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El arquitecto valenciano Santiago Calatrava también ha querido dejar su
impronta grabada en la capital vizcaína. En el año 2000 nacía el nuevo Aeropuerto
de Sondika, dispuesto a dotar la infraestructura necesaria para que la
terminal de la capital vizcaína pudiera dar respuesta a la imparable afluencia
de aviones y pasajeros. La nueva terminal permitió absorber 4 millones de
usuarios cada año y 3.000 en hora punta.
Además de en términos de infraestructura aeroportuaria, el aeropuerto de
Sondika presenta una arquitectura única, obra de Calatrava. "La
Paloma", como se bautizó el aeropuerto a tenor de su forma, aglutina tres
plantas sostenidas entre hierro y vidrio a las que el viajero llega por el
norte, la fachada trasera. Bajo una extensa colina de hierba situada junto al
edificio pasa inadvertido un aparcamiento de cinco pisos con 3.000 plazas. Los
pasajeros entran al vestíbulo de salidas, un amplio hall de 7.000 metros
cuadrados en el que se alojan los 36 mostradores de facturación. La entreplanta
es el lugar de distribución de los pasajeros, los que vienen y los que marchan
. El área de llegadas se encuentra en la planta baja, con siete cintas de
distribución de equipajes. La alas laterales, proyectadas de tal modo que
permitan una expansión futura, albergan las áreas de espera para llegadas y
salidas, separando el flujo de los viajeros nacionales e internacionales. Un
total de 39.000 metros cuadrados.
La estructura del cuerpo central está realizada mediante un sistema de
pilares y vigas de cemento armado, necesario para estabilizar la forma libre de
la cubierta metálica, de planta casi triangular, definida perimetralmente por
elementos de acero. En las fachadas laterales inclinadas, estos elementos están
sostenidos por dos arcos de hormigón que transmiten a tierra las cargas, que
gravan la estructura. Las alas laterales presentan una doble cubierta abovedada,
formada por un sistema de nervios y montantes de acero que se apoyan sobre
pilares de hormigón, de 10 metros de altura y dispuestos sobre un forjado de 10
metros de lado; el ritmo de la fachada anterior, inclinada hacia adelante, está
marcado por elementos de acero (en L, en T y en doble T), con distancias entre
sus ejes de 2'5 metros.
Tal y como lo describió Calatrava en el momento de su inauguración, este
aeropuerto pretende ser "un espacio de acogida, que acerque al viajero a la
parte más bella del paisaje, al verde, a los árboles". Su puntiaguda
silueta expresa "la idea de vuelo".
De todos modos, no es la única muestra del arte de Calatrava que se
encuentra en Bilbao. En 1997 concluían las obras del Puente de Zubi-Zuri, un
puente peatonal que cruza el río Nervión con sus 75 metros de longitud. La
pasarela conocida como Zubi-zuri ("puente blanco" en euskera) se
desliza sobre el Nervión, atravesando la ría y comunicando el Paseo del Campo
de Volantín con Uribitarte. Acero blanco y vidrio, arco parabólico y rampas de
acceso definen la obra de este controvertido arquitecto, cuestionado en
numerosas ocasiones por la similitud en el diseño de los diversos puentes que
se suman en su trayectoria profesional, lo que él desmiente alegando que cada
puente es diferente de los otros.
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Puente peatonal Pedro Arrupe |
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De hecho, los puentes toman especial relevancia en una geografía marcada por
la presencia de rías. En marzo de 2002 se colocaban las primeras piezas de
otra de las grandes pasarelas peatonales de Bilbao, la de Pedro Arrupe,
que une la Avenida de las Universidades con Abandoibarra. Se trata de la
respuesta a una demanda que cada vez se hacía más imperante.
La pasarela Pedro Arrupe tiene una longitud de 140 metros, una anchura de 7
metros y su cota superior varía entre 10'10 y 14'90 metros sobre la ría.
Proyectada por José Antonio Fernández Ordóñez y retomada a su muerte
por su hijo, el también arquitecto Lorenzo Fernández Ordóñez, la Pasarela
Pedro Arrupe constituye un nuevo hito urbano de la capital vizcaína, al
convertirse en una auténtica nueva calle que conectará Abandoibarra con la
Universidad de Deusto.
Se trata de un diseño único y espectacular, ya que consta de seis entradas
en vez de las dos habituales. Asimismo, su estructura, en lugar de ser un viga,
es una lámina plegada formada por una chapa de 20 mm. de acero inoxidable, a
través de cuyos pliegues conforma su estructura. La obra fundamenta su belleza
en la racionalidad de su estructura, con una forma geométrica muy simple y una
técnica muy depurada. Los dos elementos que la definen son el acero inoxidable
tipo dúplex, un material de enorme resistencia y durabilidad, y la madera de
Lapacho, un pavimento muy cálido y de buen resistencia al deslizamiento, que
actúa como una cubierta de barco. De esta manera, la pasarela queda conformada
por dos pieles: una de acero inoxidable, fría y reflectante, y otra interior de
madera de Lapacho, acogedora. En palabras de Fernández Ordóñez "hay un
juego entre las dos pieles, entre la piel que refleja y la piel que acoge al
hombre".
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El espectacular metro de Norman Foster
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Otro de los grandes centros de atención para todo aquel que visite Bilbao es
dirigir su mirada hacia el metro, un espectacular proyecto de Norman Foster.
El sistema de metro creado por el arquitecto británico es una demostración de
como la arquitectura está al servicio de la calidad de vida de los
ciudadano.
En noviembre de 1995 se ponía en funcionamiento el metro de Bilbao. Se
iniciaba de esta manera un nuevo servicio de transporte público que se había
planteado como objetivos fundamentales la mejora del tráfico urbano en el área
metropolitana, la elevación del nivel de calidad del transporte público,
convertirse en eje vertebrador de los diversos sistemas de transporte que sirven
a la comarca y ser un instrumento dinamizador dela vida y la actividad de este
área metropolitana. Actualmente, en Bilbao más de un millón de personas se
desplazan con este medio de transporte público.
Las líneas básicas de la obra de Foster en el diseño de las estaciones
son:
- La interior: el tratamiento de la caverna es un gran espacio, de
160 metros de sección transversal, donde se sitúan los viales, los andenes
y las entreplantas de distribución.
- La obra de intercomunicación: en las entreplantas de distribución
confluyen todas las instalaciones y servicios, se desarrollan los servicios
de ticketing y oficinas. Las estaciones ofrecen un gran espacio, con una
visión amplísima, donde los viajeros no se sienten atrapados y donde
encuentran todos los servicios que necesita.
- La exterior: la que emerge en el conjunto urbano de la ciudad. Es
la arquitectura de la calle, cuya realización más singular son las
marquesinas de acero y vidrio. Una de las mayores aportaciones de la
arquitectura del Metro de Bilbao radica en la consecución de una unidad
arquitectónica que se hace patente en el logro un alto nivel estético en
las instalaciones, la máxima comodidad para los usuarios y una
incorporación a la arquitectura urbana sencilla y nada agresiva.
- El mobiliario: el Ministerio de Ciencia y Tecnología concedió en noviembre
de 2000 el Premio Nacional de Diseño Industrial a la empresa que fabricó
los bancos del Metro de Bilbao (Akaba, con sede en Irún).

En el año 1998, la obra del equipo de Sir Norman Foster obtuvo el Premio
Brunel de Arquitectura Ferroviaria en su globalidad, y a la estación de Sarriko
en particular.
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Palacio Euskalduna
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Tras la construcción del Museo Guggenheim de Gehry, principal eje
vertebrador de la transformación de Bilbao, el Palacio de Congresos y de la
Música, proyectado por Federico Soriano y Dolores Palacios e
inaugurado en febrero de 1999, constituye el segundo hito en esta evolución de
la capital vizcaína.
Galardonado como una de las obras contemporáneas más importantes realizadas
por arquitectos españoles, el también llamado Palacio Euskalduna
simboliza el último buque construido en el antiguo astillero del mismo nombre y
se configura como un enorme complejo multifuncional de 53.000 metros cuadrados
ubicado en el centro de la ciudad. Este espectacular edificio acoge grandes
eventos de todas las características: la temporada de ópera, conciertos
sinfónicos, ballet y recitales conviven con grandes congresos, asambleas
generales, convenciones, etc.
Su estructura gira en torno a los siguientes ejes:
- Auditorio: 2.164 butacas, acústica excepcional, un grandioso
órgano... La soprano Montserrat Caballé definió este auditorio como
"la sala más hermosa en la que jamás había cantado". El
escenario, de 1.770 metros cuadrados, es el mayor a nivel estatal y el
segundo de estas características en Europa. Dispone de un sistema de
plataformas y carras de avanzadísima tecnología que permite montajes
simultáneos y representaciones de gran complejidad, así como proyecciones
en su pantalla.
- Sala teatro: de gran empaque y belleza y con una excelente
acústica, esta sala presenta un amplio escenario, con 613 butacas y cinco
cabinas de traducción. Es una segunda opción ideal para todo tipo de actos
de menor audiencia.
- Salas: asimismo, el Palacio Euskalduna cuenta con 18 salas activas
simultáneamente, más otra reservadas a actos VIP.
- Hall de Exposiciones: de 2.000 metros cuadrados, que forma parte de los
8.000 metros cuadrados de foyers y vestíbulos de que dispone el palacio
para los más diversos usos.
- Restaurante: uno de los más importantes de Euskadi, además de
otro con capacidad para 450 comensales y un servicio interino de catering
para banquetes de hasta 1.000 comensales y cócteles de 2.500 asistentes.
- Párking: con capacidad para 475 vehículos.

El Palacio Euskalduna ha sido galardonado como una de las obras
contemporáneas más importantes realizadas por arquitectos españoles y ha
recibido el Premio Apex Award al mejor Centro de Congresos del Mundo 2003.
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El Bilbao que viene |
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Pero éstos sólo son ejemplos de la reforma urbanística que inició Bilbao
hace unos años. Actualmente, la proyección de la ciudad continúa creciendo
progresivamente, dejando atrás su sombría estela para convertirse en lo que es
hoy: una ciudad cosmopolita capaz de generar importantes proyectos y ansiada por
arquitectos de prestigio de orden mundial.
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Isozaki Atea |
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El arquitecto japonés Arata Isozaki tampoco ha querido perderse la
oportunidad de dejar su sello en la capital vizcaína. Tras ser derrotado por
Frank O'Gehry en el concurso para construir el Guggenheim, Isozaki ha conseguido
dejar su impronta en la ciudad a través de sus torres de vivienda, denominadas Isozaki
Atea que, curiosamente, se emplazarán no lejos del museo de Gehry. Se
trata de un complejo residencial y comercial llamado a tomar parte de los
elementos más representativos de la ciudad, que incluye el nuevo concepto de
vivienda dotada de la tecnología más avanzada.
El proyecto del arquitecto japonés pretende solventar los graves problemas
urbanísticos de la zona de Uribitarte. por un lado, los grandes desniveles, que
impiden el flujo de personas desde la calle Ercilla hasta el paseo de la Ría; y
por otro, la presencia del antiguo y deteriorado edificio de aduanas. Un total
de 41.446 metros cuadrados de superficie acogerán modernos edificios, entre los
que destacan las dos torres de cristal, de 22 plantas y 82 metros de altura, que
harán de puerta hacia el Ensanche. En las plantas inferiores estarán ubicados
los comercios mientras que, en los niveles altos, las torres contarán con
cuatro viviendas por planta, de 110 metros cuadrados.
El proyecto, iniciado en 1999 y que está previsto finalice en 2007, incluye
también cinco edificios de ladrillo, cristal y piedra natural con zonas verdes,
comercios, viviendas, restaurantes, cines, así como equipamientos municipales.
Un espectacular escalinata, de entre 35 y 50 metros de ancho, y la prolongación
del puente Zubi-Zuri de Calatrava, conectarán ambos márgenes de la ría.
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Hotel Sheraton Bilbao de Ricardo Legorreta
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El pasado 7 de julio se inauguraba oficialmente el Hotel Sheraton
Bilbao, de cinco estrellas, obra del arquitecto mexicano Ricardo
Legorreta. El hotel cuenta con un total de 211 habitaciones y 20
suites divididas en 10 plantas y está inspirado en la obra del escultor Eduardo
Chillida. Su ubicación es excepcional, en el margen del río Nervión
y cerca del Museo Guggenheim y el nuevo Palacio Euskalduna.
Todas las habitaciones de lujo están dotadas con los últimos avances
tecnológicos. Asimismo, el hotel dispone de siete salones para
conferencias, reuniones y banquetes con una capacidad máxima de hasta 350
personas y de un "smart meeting room", salón inteligente dotado
del más moderno equipamiento tecnológico, diseñado para crear un
confortable espacio de trabajo. En la sexta planta del edificio se
encuentra el "wellness center" con una piscina exterior que mira
a la ría, sauna, sala de masajes y de fitness, con aparatos de última
generación.
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Torre Pelli en Abandoibarra
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Aunque el cambio urbanístico puede verse en todo el área
metropolitana, la zona conocida como Abandoibarra, asomada a la ría y
situada entre el Guggenheim y el Palacio Euskalduna, es el área más
emblemática de esta transformación. Se trata de una antigua zona
industrial y porturaria de 35 hectáreas, en pleno centro urbano,
convertida ahora en el nuevo símbolo de Bilbao.
Precisamente Abandoibarra es la ubicación del futura Torre Pelli,
obra del arquitecto argentino César Pelli, reconocido
internacionalmente por el diseño de edificios de altura. Pelli ha ideado
para Bilbao una elegante torre de 150 metros de altura, que sugiere un
obelisco de vidrio y que se estrecha suavemente a medida que gana altura.
Sus 33 plantas y los dos edificios gemelos que flaquearán a sus pies,
forman un total de 69.500 metros cuadrados de superficie destinada a
oficinas de máximo nivel. La conocida ya como Torre Pelli se
convierte en el reflejo de la propia ciudad por impulsar su propia
regeneración con el dinamismo que le corresponde como una de las
principales plazas económicas del país.

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Zaha Hadid, el último Pritzker, también en Bilbao |
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La arquitecta anglo-iraquí Zaha Hadid resultó escogida Premio
Pritzker este mismo año, convirtiéndose en la primera mujer que
conseguía los Nobel de la Arquitectura. Hadid, impresionada por la mejora
urbanística de la ciudad iniciada en 1997 con la inauguración del Museo
Guggenheim, también tendrá su lugar en el nuevo Bilbao: la reordenación
de la zona de Zorrozaurre.
Hadid fue elegida en septiembre por el Ayuntamiento de Bilbao para
definir la regeneración de Zorrozaurre, una península que se extiende a
lo largo de la ría en el límite entre los casos urbanos de Bilbao y
Barakaldo. Se unía de esta manera a la lista de arquitectos de primer
orden mundial que están participando en la transformación.
La arquitecta de origen iraquí, afincada en Londres desde hace 30
años, perfilará la operación urbanística más ambiciosa de la capital,
que ahora se enfrasca en la remodelación de la zona de Abandoibarra
diseñada por el argentino César Pelli. Pero si en ésta se actúa sobre
34 hectáreas, la de Zorrozaurre tiene una extensión superior en más de
23 hectáreas.
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