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    13 Oct '26

    Cuando termina el verano, la terraza empieza una nueva temporada

    Fernando Pozuelo reivindica el paisajismo como herramienta para prolongar el uso de los espacios exteriores más allá del verano, mediante soluciones que adaptan balcones, áticos y patios al cambio de estación

    El verano empieza a despedirse del calendario, aunque la vida al aire libre tiene todavía mucho recorrido. Las temperaturas se suavizan, el sol pierde intensidad y las terrazas recuperan unas condiciones especialmente agradables para pasar tiempo en ellas. Comer fuera, leer al sol, reunirse al final de la tarde o alargar una sobremesa vuelven a convertirse en pequeños placeres cotidianos.

    Desde FERNANDO POZUELO Unique Landscapes, se plantean una pregunta que resume esta filosofía: "¿Por qué dejar de disfrutar de la terraza cuando termina el verano?" y es que el cambio de estación abre nuevas posibilidades para seguir viviendo el exterior. La clave está en concebir terrazas, áticos y patios capaces de transformarse a medida que cambian la temperatura, la luz y las condiciones meteorológicas.

    Para el estudio, el diseño constituye el punto de partida para conseguirlo: sol y sombra, viento, iluminación, protección frente a la intemperie y estructura forman parte de una misma estrategia destinada a extender la vida del exterior.

    Devolver el sol a la terraza

    Una de las transformaciones más interesantes que se producen después del verano tiene que ver con algo tan sencillo como el sol. Durante los meses de mayor calor, gran parte del diseño exterior busca generar sombra y protección frente a la radiación. Con la llegada del otoño, esa lógica ya no es aplicable. El mismo rincón que en julio necesitaba permanecer resguardado ahora puede convertirse en uno de los lugares más agradables de la vivienda.

    La vegetación caducifolia permite acompañar de manera natural esta transición. Árboles frutales y especies como la higuera proporcionan sombra durante los meses cálidos y, al perder progresivamente sus hojas, permiten que los rayos solares alcancen de nuevo las zonas de estancia cuando las temperaturas comienzan a descender.

    "Un buen diseño tiene que entender cómo cambia el exterior a lo largo del año. La sombra que buscamos en verano puede dejar paso al sol en otoño y convertir ese mismo lugar en un espacio completamente diferente", explica Fernando Pozuelo. El paisaje doméstico empieza así a comportarse como una estancia dinámica, capaz de evolucionar al ritmo de las estaciones.

    Una barrera natural frente al viento

    El descenso de las temperaturas trae consigo otro protagonista: el viento. Proteger las zonas de estancia permite aumentar la sensación de confort y seguir disfrutando del exterior cuando las tardes empiezan a refrescar. Aquí, el paisajismo vuelve a actuar como arquitectura.

    El paisajista apuesta especialmente por los biombos mixtos, soluciones que combinan celosías, plantas trepadoras, masas de vegetación densa o vidrio para filtrar las corrientes de aire y crear espacios más recogidos. El objetivo consiste en proteger manteniendo la conexión visual con el entorno y preservando las vistas, especialmente importantes en áticos y terrazas urbanas. La vegetación se convierte así en una frontera permeable: delimita, protege y genera intimidad mientras mantiene la sensación de apertura propia de un espacio exterior.

    El nuevo lujo es crear un microclima propio

    Prolongar el verano implica también trabajar a pequeña escala con el clima. Si durante los meses más cálidos buscamos ambientes frescos y húmedos, en otoño el objetivo pasa por generar rincones más protegidos y acogedores. Vegetación y arquitectura pueden combinarse para crear estos microclimas dentro de un mismo espacio.

    Las pérgolas y gazebos adquieren entonces una nueva dimensión. Las soluciones contemporáneas permiten gestionar la lluvia, regular la entrada de luz mediante lamas móviles, incorporar protecciones laterales frente al viento y añadir estores para aumentar la intimidad. Además, estas estructuras pueden integrar tecnología, sistemas de audio o soluciones audiovisuales, convirtiendo una parte de la terraza en una auténtica estancia exterior.

    "Crear un microclima significa conseguir que dentro de la misma estancia existan lugares con condiciones diferentes. Espacios más abiertos, otros más protegidos, zonas donde buscar el sol y rincones donde refugiarse. Esa variedad es la que permite utilizar el exterior durante mucho más tiempo", señala Fernando Pozuelo.

    Texturas que anuncian una nueva estación

    La transición metereológica también puede sentirse a través de los materiales. Algodones, linos, cojines con mayor acolchado y mantas incorporadas a las zonas de descanso permiten adaptar el mobiliario a las tardes más frescas y transformar visualmente sin modificar su estructura. Los textiles aportan confort y ayudan a crear esa sensación de refugio que empieza a apetecer cuando cae el sol.

    El cambio estacional se convierte así en una oportunidad para renovar la experiencia del exterior. Igual que el interior de una vivienda evoluciona con el calendario, el espacio exterior puede adquirir nuevas capas, texturas y formas de uso. La iluminación contribuye a completar esa transformación. Con días progresivamente más cortos, la luz artificial gana presencia y permite prolongar las horas de estancia. Integrada desde el proyecto, ayuda a construir ambientes y a reforzar la percepción de la terraza como una habitación más de la vivienda.

    De la piscina de verano al baño en invierno

    Las piscinas climatizadas permiten extender el periodo de uso. Para ello su integración paisajística requiere pensar más allá del propio vaso: recorridos, zonas de solárium, espacios para descansar o lugares donde dejar albornoces y toallas forman parte de una experiencia que debe diseñarse como un conjunto.

    En terrazas, áticos y penthouses, esta filosofía puede trasladarse a spas, pequeños jacuzzis o saunas capaces de transformar la relación con el exterior cuando descienden las temperaturas. El contraste adquiere entonces un atractivo propio: disfrutar del agua caliente mientras el ambiente comienza a refrescar convierte la llegada del otoño en una experiencia diferente a la del verano, pero igualmente vinculada al placer de estar al aire libre.

    Cada estación propone una forma diferente de relacionarnos con el paisaje.

    Para Fernando Pozuelo, la estructura y el diseño constituyen la herramienta que permite integrar todas estas variables y conseguir que el exterior mantenga su atractivo y funcionalidad a medida que cambian las condiciones ambientales.

    Para Fernando Pozuelo, extender el placer de disfrutar el exterior, permite recuperar momentos de calma y disfrute dentro del propio hogar. Incluso el espacio más pequeño —un balcón, una terraza o un reducido patio interior— puede convertirse en ese lugar especial que marque una forma de vivir.
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